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Las iguanas no duermen







Las iguanas no duermen porque tienen que vigilar el sueño
de los hombres sin sosiego.
Las iguanas no descansan porque gustan de proteger las sendas
por donde miles de espectros peregrinan en noches de fatiga
tras los últimos despojos de la calma.
Las iguanas no callan porque alguien tiene que advertir a los vivientes
que donde no hay sueños
tampoco hay cantos, ni miradas, ni sentidos que les hablen
de la paciencia infinita de la tierra.
Las iguanas anhelan beber en el cuenco transparente
de los seres ayer atribulados y que hoy despiertan
confundidos de gozo por ser otros.
Las iguanas no sueñan porque quieren crecer entre los sueños
de las bestias que no duermen jamás.
Las iguanas no paran porque deben arañar las venas secas
de los aletargados pobladores subterráneos
para que mane un grito que desate sus deseos.